La Bayamesa

Mambisa y Rebelde, heredera de la MUJER BAYAMESA que marcó la historia de Cuba

José Martí, el bayamés

Monumento a José Martí en Bayamo

Por su grandeza histórica, a José Martí le han otorgado varios calificativos. Muchos lo conocen como El Maestro, El Poeta, El Apóstol, El más Grande de todos los cubanos, y por supuesto, Nuestro Héroe Nacional.

Hoy yo quisiera agregarle otro título al insigne patriota. Propongo llamarlo también “José Martí, el bayamés”.

Aunque todos conocemos que físicamente nació el 28 de enero de 1853 en una humilde casa de la Calle Paula, en La Habana, fue el mismo Martí quien en una ocasión se autodefinió como bayamés.

Así lo hizo cuando se dirigió al coronel Fernando Figueredo para expresarle: “Usted y yo somos bayameses, porque yo tengo de Bayamo el alma intrépida y natural.”

Al manifestar esta idea, Martí deja implícito que para él Bayamo va más allá de ser una ciudad material y palpable, una simple suma de inmuebles y calles, sino que llega a convertirse en un estado de ánimo, una forma de actuar y de pensar, una actitud ante la vida.

Bayamo significaba para él la rebeldía que encendió la antorcha libertaria, pues desde su adolescencia comenzó a admirar la epopeya de los hombres y mujeres que acompañaron a Céspedes en la génesis de la lucha en 1868.

En una combinación magistral de patriotismo y sentido poético, la famosa frase de Martí convierte a Bayamo en una imagen metafórica que refleja la Patria.

Como el gran poeta de su generación, Martí utiliza así el recurso literario conocido como sinécdoque, el cual permite designar un todo con el nombre de una de sus partes. En ese sentido, Bayamo significa y representa la Patria.

Bayamo es para Martí una ciudad con alma intrépida, natural, valiente y audaz, y deja claro que comparte los ideales de los patricios y hombres humildes que levantaron sus armas contra España.

Por eso no creo que haya sido casual que su heroica muerte ocurriera prácticamente a las puertas de Bayamo.

El 19 de mayo de 1895 José Martí viajaba hacia esta ciudad en todos los sentidos, tanto literal como metafórico, pues se sentía hijo y heredero de esta tierra.

Venía a reencontrarse con el ideario revolucionario de Carlos Manuel de Céspedes, a quien admiraba desde que tenía quince años por haber prendido la llama de la Revolución, que llevaría a Cuba la definitiva independencia.

La sangre que Martí derramó en Dos Ríos fecundó esta tierra llena de historia, y permitió la germinación de los mejores hijos de Bayamo, que son también los hijos de la Patria.

Tomado de La Llave del Golfo

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