La Bayamesa

Mambisa y Rebelde, heredera de la MUJER BAYAMESA que marcó la historia de Cuba

Cólera Divina

Nuevas jardineras en el paseo de Bayamo.Por Amanda Santana y Rafael Pimentel.

Recientemente en mi navegación por Internet, accedí a algunos lugares donde pude leer algunos artículos sobre la situación del cólera en Bayamo. Yo que desando por esta ciudad, y que interactúo con mucha gente, no pude menos que asombrarme ante planteamientos hechos sobre el cierre de los negocios de los cuentapropistas, a costa de afectar sus bolsillos , que en definitiva es afectar la propia economía del país, como una medida arbitraria impuesta por las autoridades sanitarias. Así que me dirigí a comprobar tales asuntos.

Lo primero es, me percato que era cierto que había numerosos negocios cerrados, así como medidas puestas sobre los carretilleros y otros cuentapropistas, legales o no (algunos tratan de evadir los impuestos y hacen negocios sin patentes) aunque las ventas de productos alimenticios ligeros y del agro no se habían detenido.

Me entrevisté con algunos cuentapropistas, y me plantearon que los inspectores les habían revisado las medidas higiénicas sanitarias, y si las cumplían, pues no tenían problemas. Sin embargo habían impuesto multas, o el cierre provisional, sobre aquellos negocios de manipuladores de alimentos que no cumplían con estos requisitos. No observé descontento o malestar de las personas que entrevisté y sí apoyo sobre tales asuntos.

Medité que hacía un año atrás, había explotado un brote de cólera en Manzanillo y aisladamente en otros municipios, que pudo ser controlado, y que su base estaba sobre el hecho de la pérdida por parte de nuestros ciudadanos de hábitos higiénico sanitarios y la práctica de malas costumbres en la manipulación e ingestión de los alimentos (no hervir el agua, no lavar debidamente las verduras o consumirlas frescas y de tierras sanas, no freír adecuadamente las carnes, acreditar el origen de pescados y mariscos de zonas libres de contaminación, etc.) o simplemente en las zonas rurales practicar otras costumbres que atentan contra las normas del buen vivir y la educación formal.

Aquel brote fue controlado y erradicado, y aún hoy se mantienen medidas de control que se cumplen. En Bayamo, el camino ha sido el mismo, con algunas variantes, lo que quiere decir que hay que seguir trabajando en el rescate de cuestiones que en el mundo entero se les enseña a las personas, y que las autoridades, sanitarias o no, imponen fuertes medidas cuando existe un riesgo de propagación de epidemia, incluso con la participación de las Fuerzas Armadas y los médicos militares.

Entonces saqué un cálculo económico. Sí, cierro estos negocios por unos días, a costa de que el bolsillo de algunos particulares se afecte, pero evito el gasto de miles de dólares del Estado en recursos por la propagación de la enfermedad, ¿Qué es más factible, que se me afecte un grupo de particulares, o toda una población, donde están ellos incluidos? La respuesta es obvia.

Otra cosa que busqué, de acuerdo al sentir de los artículos que leí, era que prácticamente las medidas eran draconianas, absurdas, tiránicas. Busqué entonces policías, militares, u otras personas reprimiendo u obligando a estos trabajadores a cerrar sus negocios. Caballeros, hay que ser serios. Es cierto que vi un ejército, (por cierto mi hija forma parte de él) acompañando a los inspectores de Higiene, pero son de batas blancas, de médicos y enfermeras, conversando, disuadiendo, revisando, previniendo, en contacto pleno con el pueblo.

Es cierto que en todos los lugares es obligatorio antes de entrar enjuagar las manos con hipoclorito o solución yodada, aparte del gasto que ello constituye, pero es necesario para protegernos, aunque realmente sea un fastidio.

Entonces comenté: ¡Oh, cólera divina, que has servido para educarnos y prepararnos y evitar males mayores! Yo como cubano, no quiero que se nos dé lo que pasó en Haití, o en otros lugares, donde esta enfermedad ha azotado. Es un problema de humanidad.

Hoy, cuando termino estas líneas, me percato que muchos negocios que habían cerrado, ya han abierto. El cólera como enfermedad no es un peligro y está en remisión no hay muertos, ni miles de enfermos, no hay una caotización en la sociedad bayamesa por la enfermedad, discurriendo la vida y el quehacer cotidiano de forma normal.

Se trata entonces de educarnos y cumplir con lo que las autoridades sanitarias nos dictan. Eso se hace en todo el mundo. No somos la excepción. Entonces, si vamos a escribir, digamos la verdad o logremos explicarla como es.

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