La Bayamesa

Mambisa y Rebelde, heredera de la MUJER BAYAMESA que marcó la historia de Cuba

Pueblo bueno

En la Plaza Antonio Maceo. Foto: Ramón Espinosa/ AP

En la Plaza Antonio Maceo el 3 de diciembre. Foto: Ramón Espinosa/ AP

Nacemos, crecemos, vivimos. Esto sucede en un contexto histórico. Somos productos del entorno social, económico, político y cultural-emotivo. Somos, también, nuestra historia; pero la mayoría de las personas no son ni siquiera conscientes de su entorno y de las condiciones que los influencian y afectan.

Fidel Castro desde niño tuvo la singularidad de ser físicamente atlético, inteligente, voluntad fuerte, pensante. No fue miedoso. Además era – usualmente – más alto que el resto de los de su edad. Su inteligencia, memoria y osadía también le acompañaron.

Fidel, desde joven fue buen estudiante con memoria prodigiosa que le permitió no solo aprender historia, literatura, geografía entre otras materias. También tuvo el don de recordar el nombre de personas, hechos y de prestarle atención a los detalles; y fue analítico. No creo que se le conociera ser bailador – algo tan cubano – aunque si fue pelotero, explorador, nadador y basquetbolista. Nació con el don de querer aprender de todo y poder expresarse, analizar y utilizar lo aprendido y concluir en base de lo observado – para después hacer. Tuvo sentido de sí, de su entorno, del momento y de las posibilidades. Le gustó leer y mucho ya fueran libros, la aventura, explorar la naturaleza pero también conocer filosofía, letras, leyes, historia y ciencias. Y la política. Su inteligencia y memoria era extraordinaria. Militó en la Juventud Ortodoxa y en el Partido del Pueblo Cubano bajo el lema de “vergüenza contra dinero.” El dinero no le llamo la atención. Y desde joven tuvo el don de la palabra. Como muchos jóvenes leyó a Jose Martí y esa influencia lo siguió para siempre. Escribía bien, hablaba mejor, y supo desde joven organizar y dirigir. Prestaba atención al detalle al igual que a la totalidad de las cosas y sus relaciones.

De adulto se identifica con eventos, movimientos y organizaciones sociales, estudiantiles y políticas favorables a la emancipación nacional y social, el conocimiento, la justicia, el cambio socioeconómico. Fundo publicaciones y todo tipo de organizaciones. De padres, escuelas, filiación política y estudios desarrolló un sentido claro de “lo justo”. Conoció y siguió a Eduardo Chibas y amigo de Fernando Ortiz y tuvo bastante contacto con personas tan estratégicas en el populismo cubano como Conchita Fernández. Se aprendió – como muchos – la obra de José Martí – el Martí de la lucha por la emancipación nacional, el de los zapaticos de rosa (que es una elegía a la justicia social), el intelectual que organiza un partido político por la liberación nacional mediante el uso de las armas.

Quiso aprender tanto y tan rápido que tomaba por su cuenta numerosas asignaturas en la Universidad de la Habana, sin preceptor. Memoria fotográfica. Y fué activo y sociable lo mismo en la casa de campo como en las escuelas. Y lo que aprendía, comparaba, analizaba e interpretaba lo compartía ya fuera en discursos, artículos, ensayos, libros o entrevistas. Respetaba el libro y el arte en sus diferentes expresiones. Y se mantenía al tanto de numerosas corrientes. Conversaba y mucho, por horas, a fin de conocer de especialistas, educadores, políticos, escritores, filósofos y pintores. Para el, el mundo era ancho pero no ajeno.

Y ya de adulto logra suplantar, después de 1951, al líder carismático desaparecido – Eduardo Chibas – y articula una visión de un chibasismo revolucionario que eventualmente, y por razones variadas, evoluciona hasta convertirse en un marxismo revolucionario latinoamericano. Como el intelectual y poeta revolucionario Jose Martí, adopta la estrategia y la visión, de la lucha armada para crear una nueva Cuba, autentica, soberana, latinoamericanista y todo esto también lo transforma con el tiempo en un internacionalismo donde “patria es humanidad”. Une y fusiona el pensamiento de Martí, Bolívar y Marx. Participo en esfuerzos para liberar a República Dominicana de su dictador, y fue fundador de un grupo por los derechos civiles de la población negra en Cuba.

Fidel Castro y los que trabajaron con él se transformaron en el mismo proceso de producir cambios integrales y revolucionarios en Cuba, en el Caribe, en América Latina y en el mundo. Y aun con su pequeña población, tan cerca de Estados Unidos, y con tan pocos recursos materiales la transforma junto a otros revolucionarios en vanguardia y alternativa – y crea una forma diferente de ser, vivir, trabajar e interconectar la historia nacional con la historia del Caribe, de América Latina, de África y hasta del Asia. Los cubanos se transforman en activos miembros de una comunidad internacional donde se les toma en cuenta.

La revolución cubana cambia todo no solo en la isla. La movilización social y de masas convierte al pueblo en partícipe en programas de educación, de construcción, de llevar la cultura, la salud y el sentido de auto emancipación a numerosos rincones supuestamente “oscuros” del mundo. Fomenta la creación instituciones nuevas tales como escuelas de arte o deportes, policlínicos o universidades en cada provincia del país y ayuda a hacer lo mismo en el exterior. Y moviliza para diferentes fines a numerosos sectores de la población. Y en casos urgentes pues opta por soluciones originales: milicias obreras, brigadas internacionalistas de médicos o maestros. Los enfermos en tres continentes descubren la Operación Milagro, y los niños de Chernobyl reciben tratamiento en la isla, gratis. Y el deporte cubano “pica y se extiende” por el mundo. Y Cuba se transforma en la meca del boxeo. La pequeña isla desarrolla su ballet, sus danzas maravillosas, forma escuelas y bailadores, al igual que gana medallas en deporte, en matemáticas y particularmente en solidaridad en los mal llamados oscuros rincones del mundo.

Es con Cuba – un país pequeño – que el mundo aprende de un nuevo internacionalismo – basado en la solidaridad, la hermandad, la justicia y respeto al otro. Mientras la isla abre sus puertas a los que desean colaborar con la isla y su experimento.

Además, Cuba sobrevive los terribles años de la década de los noventa cuando desaparecen los aliados del bloque soviético; cuando la prensa extranjera y numerosos gobiernos decían que la isla era Numancia o un Parque Jurásico sin futuro. Sin embargo, en vez de aislamiento Cuba sobrevivió con aun mayor internacionalismo. Fidel casi a diario hablaba con el pueblo y les urgía a luchar y continuar.

El pueblo entero desde el mismo 1959 se le integra a los esfuerzos de la construcción de la nación cubana y latinoamericana. Eventualmente, Cuba y el Tercer Mundo se convierten en hermanos.

Antes se pensaba que la revolución no iba a sobrevivir sin la relación colonialista que tuvo con los Estados Unidos; como se pensó igualmente después que Cuba quedó sola cuando desapareció el bloque soviético. Cuando comenzó la enfermedad de Fidel se proyectaba la imposibilidad de un régimen revolucionario sin el líder carismático. Ahora, es posible, que nuevamente asuman que la revolución cubana no podrá continuar. Pero ya José Martí había escrito el 21 de Marzo de 1889 en carta Manuel Mercado lo que Fidel y todos los revolucionarios cubanos han tenido como método, meta y fin y significa el principal mensaje del experimento cubano:

“Lo que quiero es demostrar que somos pueblos buenos, laboriosos y capaces. A cada ofensa, una respuesta… y más eficaz por su moderación. A cada aserción falsa sobre nuestros países, la corrección al pie. A cada defecto, justo en apariencia, que se nos eche en cara, la explicación histórica que lo excusa, y la prueba de la capacidad de remediarlo. Sin defender no sé vivir. Me parecería que cometía una culpa, y que faltaba a mi deber, si no pudiese realizar este pensamiento.” – José Martí [Carta a Manuel Mercado, Marzo 21, 1889]

Tomado de Cubadebate

 

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